La casa microbiotica. A. Hernandez

La “Casa Microbiotica” es una propuesta para integrar un ecosistema cíclico donde para cada función de salida hay una de entrada. En este proyecto la casa es vista como una máquina biológica que filtra, procesa y recicla lo que convencionalmente consideramos desechos. Este proyecto forma parte del programa “Philips Design Probes“, el cual se establece para explorar futuros estilos de vida, basados en una rigurosa investigación desde un amplio rango de áreas de conocimiento. Estas propuestas son parte de una estrategia de Philips con el objetivo de innovar y generar debate sobre nuestra manera de concebir el habitar. Preguntándose cómo gestionar los recursos, se adopta una aproximación sistemática para conocer mejor los procesos domésticos que damos por garantizados. Este proyecto se compone de varias propuestas interrelacionadas entre si.

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Una isla de cocina biodigestiva

La parte principal de la “casa microbiana”. Consiste en un “descompositor” que convierte los restos de materia orgánica (cocinas y baños) en gas; que es utilizado para dar electricidad a otras funciones del hogar. Incluye una tabla para cortar, una pila, un triturador de residuos, un quemador de gas, un tanque de cristal que muestra las reservas energéticas, indicadores de presión, volumen, etc. Los restos orgánicos se descomponen mediante bacterias que los convierten en gas metano, que se almacena para su posterior uso en luces y otros elementos de la casa.

Despensa/Alacena

Esta despensa se basa en un sistema para mantener la comida “viva” fresca (en oposición a la comida “muerta”, esa que almacenamos en los frigoríficos), con la idea de revivir el ritual de recolectar y preparar, en la misma mesa, los alimentos.  Consta de una enfriadora por evaporación de terracota situada en el centro de la mesa. Con diferentes compartimentos y niveles para mantener diferentes tipos de alimentos a diferentes temperaturas óptimas. Por la superficie exterior de la enfriadora pasan unos tubos de agua precalentada por el gas metano que se obtiene de la “cocina biodigestiva”. Encima de la mesa tenemos una unidad de cultivo de especies vegetales.

La colmena urbana

Una colmena pensada para tener abejas en casa; con la idea de recolectar nuestra propia miel y propóleo, alimentos con propiedades medicinales. Un diseño para colocar en una ventana y compuesto de dos partes: el acceso de las abejas, con un macetero para flores, al exterior, y un recipiente de vidrio con una estructura para los nidos de abeja, al interior.

Bioiluminación

Mediante el uso de diversas técnicas biológicas se puede conseguir luz. Bacterias luminiscentes,  alimentadas con metano y compost, son el “ecosistema” que contiene cada una de las lámparas. Este sistema se puede rellenar de proteínas fluorescentes que emiten distintas frecuencias de luz. La bioluminiscencia produce una luz suave, más adecuada para iluminación ambiental que para la general. La velocidad de generación, dependiente de las reacciones químicas, es lenta. Además es un organismo al que hay que mantener con vida. Por otra parte no necesita cables y es independiente de la red eléctrica.

Paternoster

Existe una contradicción fundamental entre la necesidad de envases plásticos desechables y la necesidad de la sostenibilidad del entorno. El envase debe ser robusto y poseer una durabilidad determinada para soportar los efectos del medio. La biodegradabilidad, al contrario, es la propiedad de un material de descomponerse en el medio natural. El “paternoster” es un concepto que utiliza otro gran descompositor que tenemos en la naturaleza, los hongos. Los envases son triturados por este sistema y después de una serie de procesos bioquímicos se convierten en el alimento de setas y hongos, que crecen listos para consumir.

Álvaro Hernández Altozano

© (de las imagenes) Philips