/Alumnos/ Primero. Patricia Pastor

 

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Soy una alumna de primero, lo cual significa que a principio de curso no tenía nada interesante que decir en cuanto a conocimientos, y solo debía esperar como un apunte en blanco, pendiente de unos certeros trazos de pincel, de unas líneas de fuga. Simplemente era un boceto en espera de corrección.

Y quizá por ignorante, enamoradiza, entusiasta…fui capaz de atreverme a enfrentarme con  los materiales, a disfrutar del olor a tinta, a utilizar papel de estraza. Aparecieron de repente los dibujos desde cajas con barras conté, los desnudos en acrílico, las perspectivas con pastel, ¿dónde estaban estas cosas hace unos meses?.

 Qué importante ahora, la perspectiva, ¡hay más de dos dimensiones! Una ya no recuerda cuando podía pasear por la ciudad sin buscarle la fuga a cada calle. La ciudad es igual y, sin embargo, no parece la misma.

 Ya sabíamos que el roce hace el cariño y, claro, de tanto oírla, te haces amiga de la palabra “volumetría”. Vas afilando el lapicero y la mirada, analizando cada mueble, cada medida, cada espacio. Ya no eres capaz de caminar por la calle sin intentar asomarte a cada casa a cada ventana abierta a tus ojos y descubrir que hay más espacios, más allá de aquel en el que has vivido, creados con mayor o menor acierto por personas desconocidas, e imaginar como los recrearías.

 Tu familia te pide que te calles, que ya se lo has contado, que te comas el postre, y tú ahí, pendiente de resumirles la Historia Universal del Arte desde el antiguo Egipto hasta el Barroco.

 Y te preocupas. Que te apetece ese plan que te proponen, pero llegarás más tarde porque tienes que buscar no sé qué cosa en no sé qué página de no sé qué libro de la biblioteca de la ETSAM. Que sí, que voy ahora: mientes. Y te lo perdonan, con tal de que no vuelvas otra vez con aquella anécdota de Bernini.

Vas aprendiendo, haciéndote, amueblándote, descubriendo las formas, las texturas… Las maderas, los textiles, los metales, los plásticos. La Arquitectura de interiores es una disciplina sensual, que atañe a los sentidos: las cosas se ven, se huelen y se tocan.

Basta un primer curso para saber que la teoría, la técnica y el arte van de la mano, que las cosas no se dibujan como sé que son, sino como las veo, que la Arquitectura de interiores es menos un título universitario que una forma de ver y, sobre todo, de mirar.

Basta este primer año para pasar de ser ignorante a saberte ciertamente ignorante. Basta este primer año para estar convencida de que esto es lo que quiero hacer en el futuro, que solo has empezado a plasmar pequeñas cosas en el cuaderno en blanco que te han hecho borrar cientos de veces. Pero aunque la ignorancia ha disminuido en milésimas, la ilusión, el enamoramiento, la curiosidad han crecido hasta tal punto que ya no te imaginas en otro sitio. Ya no paseas por una ciudad bidimensional, ya no dejas de ponerte de puntillas para asomarte a una ventana, ya no estás callada en las comidas de tu casa…Ya solo esperas continuar aprendiendo durante los próximos años para completar el boceto.

Patricia Pastor