La silla Circulo

Todo el mundo coincide en la dificultad de diseñar una silla, mucho más quizás que cualquier otro objeto, incluyendo, por supuesto, a un edificio.

¿Dónde reside el problema? Probablemente en esa doble y contradictoria exigencia de ser, al mismo tiempo, un objeto repetible y singular. Y, por supuesto, al menos para un arquitecto, no poseer un espacio específico.

¿Cómo diseñar un concepto? Puedo dibujar un árbol concreto, pero resulta más engorroso representar la noción de “árbol”.

Le oí decir un día a Álvaro Siza que las diferencias derivan del uso de un material concreto y del sentido de las proporciones, pero que en el fondo, debe permanecer la esencia de la silla: su relación con el cuerpo humano. Una buena definición.

La silla "Ceuta" y la silla "Círculo"

La silla “Círculo” surge como una adaptación de un prototipo anterior, la silla “Ceuta”. Esta fue un buen comienzo, puesto que se propuso para un ámbito concreto, el Museo de las Murallas Reales proyectado y construido en aquella ciudad. Era una silla con espacialidad propia.

Y un propósito, reducir el objeto a sus rasgos más esenciales: una silla es una silla. En la intención de evitarle cualquier voluntad extravagante de protagonismo en su relación con el espacio donde se ubica.

O lo que es lo mismo ser un objeto “disponible”.

La modificación de sus proporciones responde a la aparición de los apoya brazos. Aunque la elección de una madera de gran densidad y dureza ha incumplido uno de los axiomas para el diseño de una silla; la ligereza.

Ha primado el requerimiento de la durabilidad: lo agradecerán los propietarios y me maldecirán los usuarios.

Juan Miguel Hernández León