/Historicos/. Adolf Loos. El Mueble de Asiento.

Este es el primero de los textos históricos que recopilamos para la revista, seleccionados por su importancia en la relación con la disciplina de Diseño de Interiores. En este caso presentamos un texto de Adolf Loos, arquitecto vienes, sobre las formas del sentarse.

“La Habitación Otto Wagner –el dormitorio y baño moderno en la Sección de Arte Industrial del Centro Industrial- es bella, no por, si no a pesar de, provenir de un arquitecto. Dicho arquitecto ha sido precisamente su propio decorador. Para cualquier otro, esta habitación es incorrecta, ya que no corresponde a su modo de ser y, por ello, incompleta y, así, no puede hablarse de belleza. Ahí hay, pues, una contradicción.

Por belleza entendemos la más alta perfección. Por eso es completamente imposible que algo no práctico pueda ser bello. La primera condición para que un objeto aspire al calificativo “bello” es que no vaya contra la convivencia. El objeto práctico por sí solo, de hecho, no es bello. Hace falta algo más. La antigua gente del Cinquecento es quien se ha expresado con más precisión. Dijeron: un objeto tan perfecto que no se le pueda, sin perjudicarle, quitar ni agregar nada, es bello. Esa sería la más perfecta, la definitiva armonía.

(…)

Vemos, por lo tanto, que la belleza de un objeto práctico puede explicarse en relación con su finalidad. Para él no existe la belleza absoluta. “Ved qué escritorio más bello”- – “¿Escritorio?, ¡si es horrible!”- -“Pero, ¡si no es un escritorio!, es un billar”- -“¡Ah, un billar, cierto, es un bello billar”- -“¡Oh, mire qué pinzas para el azúcar más espléndidas!”- -“Queeé, ¿espléndidas? Yo encuentro esas pinzas francamente horribles”- -“Pero si es una pala de carbón”- -“Sí, por supuesto, es una espléndida pala de carbón”- -“Qué dormitorio tan precioso tiene el Sr. (ponga el nombre de la persona más estúpida que conozca)”- -“¡Qué!, ¿el Sr. X. Y. Z.? ¿Y lo encuentra maravilloso?”- -“ Me he equivocado, pertenece al Consejero de Edificación Municipal, profesor Otto Wagner, C. M. (Miembro del Club), el arquitecto más grande de su tiempo”- -“Entonces es, en efecto, maravilloso”. La ostería más bella y pintoresca, con la porquería más auténtica, sería horrible para otras personas que no fueran campesinos italianos. Y la gente tendría razón.

Silla Otto Wagner

Y así sucede también con cualquier otro objeto práctico. ¿Son bellos, por ejemplo, los sillones en la habitación Wagner? Para mí, no, porque en ellos me siento mal. Así le debe ocurrir también a toda la otra gente. Sin embargo, es muy posible que Otto Wagner pueda descansar muy bien en esos sillones. Para su dormitorio, o sea un espacio en el que no se reciben visitas, son bellos, suponiendo que él se sienta cómodo. Están formados como las sillas griegas. Pero en el curso de los milenios, la técnica de sentarse, la técnica de descansar ha sufrido considerables cambios. Nunca se ha parado. En cada pueblo y en cada tiempo es diferente. Posturas que, para nosotros, serían muy fatigosas, pensemos por un momento en los orientales, a otras personas pueden servirle para descansar.

Actualmente, no sólo se exige de un sillón que pueda descansarse bien en él, sino que pueda descansarse deprisa. Time is Money. Por ello, el descansar se tenía que especializar. Después de un trabajo intelectual habrá que descansar en posición distinta que después de un movimiento al aire libre. Después de hacer gimnasia, de otro modo que después de montar a caballo, después de ir en bicicleta, de manera distinta que después de remar. Sí, todavía más. Incluso cada grado de fatiga requiere una técnica distinta de descanso. Sucederá que, para acelerar el descanso mediante variedad de asientos, se usarán uno tras otro, con diferentes posturas del cuerpo. ¿No ha sentido nunca la necesidad, especialmente al estar muy cansado, de colgar un pie sobre el brazo del sillón? En realidad, es una posición muy incómoda pero, a veces, un verdadero alivio. En América uno puede conseguir siempre este alivio, ya que allí ninguna persona considera poco fino sentarse cómodamente, o sea el descanso rápido. Allí también puede uno descansar sus pies incluso encima de una mesa, si ésta no es para comer. Pero aquí, la comodidad del prójimo se encuentra algo ofensiva. Todavía hay personas que pueden irritarse cuando uno pone los pies sobre el asiento de enfrente en un compartimento del tren o se acuesta en él.

Los ingleses y americanos, que están libres de pensamientos tan ínfimos, son por eso unos verdaderos virtuosos del descanso. En el transcurso de este siglo han encontrado más tipos de sillón que todo el mundo, incluidos todos los pueblos, desde su existencia. De acuerdo con el principio de que cada tipo de cansancio exige un sillón diferente, la habitación inglesa jamás muestra un mismo tipo de sillón. Toda clase de asientos está representada en la misma habitación. Cada cual puede elegir el asiento que más le convenga. Una excepción la constituyen los espacios que se utilizan sólo de cuando en cuando y por todos para un mismo fin: el salón de baile y el comedor. Sin embargo, el drawing-room, nuestro salón, de conformidad con su función presenta sillones ligeros, es decir, fácilmente transportables. Tampoco son éstos para el descanso, sino para ofrecer asiento en una conversación ligera y animada. En sillones pequeños y caprichosos se charla mejor que sentado en el sillón del abuelo. Por esto, también tales sillones –que pudieron verse el año pasado en la exposición de Navidad que organizó von Scala en el Museo Austríaco- están construidos por los ingleses. Los vieneses, que desconocían su función o quizás tenían echado el ojo a un sillón patentado para todas las eventualidades de asiento, lo denominaron no práctico.

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