/PFC2012/ ATMOSFERA. PATRICIA JATO RIGLET

Levanto la mirada, ahí está, el bienestar hecho espacio. Y subo, sin escalones hacia la entrada resguardado por un forjado metálico perforado.

Éste forjado me acompaña hasta el interior, el SAE wellness y miro, y pienso que allí dentro me espera algo renovador.

Al atravesar los arcos me doy cuenta de por qué estoy aquí y no en otro sitio, sólo, parecido a este.

El bambú viste las cajas rectangulares que reservan un espacio para mí, para hacerme sentir más ligero.

La ropa queda atrás, y ante mí, metros y metros generan una atmósfera azul y blanca de suelo y techo líquido. Escojo mi sitio. El reflejo del agua me invita a dejar mi albornoz y bajar, escalón a escalón. Esta tibia, me relajo. Y al mirar hacia arriba, entre el vapor, olas de telas invadidas por
luciérnagas.

Ha pasado el tiempo y me apetece algo ligero. Vuelvo a mi tumbona, y parece que me hubiesen leído la mente al traer un pequeño aperitivo a base de ingredientes naturales. Aquí tengo la sensación de estar cuidado tanto por dentro como por fuera.

Bato el espacio con la mirada y detrás de mí, una escalera revestida de microcemento, por lo tanto sin destacar del resto, me indica cómo subir. Al hacerlo, las telas del techo me envuelven, casi puedo ver de cerca esas luciérnagas que ahora, iluso, me doy cuenta de que son pequeños LEDs.
Aquí la imaginación vuela.

Ventanas abiertas al exterior filtran la luz natural que baña la planta superior. Mismos elementos, mismos materiales pero diferentes sensaciones. Esto despierta mis sentidos, incluido el del gusto.

A mi izquierda, gente sentada conversa y disfruta de las bebidas calientes que la carta caffé&té ofrece. El mobiliario es sencillo, butacas espaciosas que invitan a relajarte durante horas.

De frente, 5 piscinas, cada una custodiada por una hilera de 4 tumbonas que parecen no acabar. El final de ellas está sumergido. Me tumbo, y noto la agradable sensación del agua tocando mis pies.

La tranquilidad trae consigo un leve aroma a fresa. Me entra la curiosidad y me acerco para saber de dónde viene ese olor. Junto a la piscina, un pequeño cubo de viroc casi imperceptible, y en su interior, el origen del aroma. Platos sanos cocinados a base de este ingrediente y como guarnición la explicación concisa del chef sobre las propiedades de este alimento. Una atmósfera perfecta.

Ligero y sano. Por dentro y por fuera. Y entonces es cuando sonrio y pienso: “tenía razón”, esto es el bienestar hecho espacio.

Patricia Jato Riglet

Programa del PFC